Prevenir comienza por observar cómo se trabaja realmente. No existe una lista única para todas las organizaciones: los riesgos cambian según las tareas, los espacios, los equipos y las personas involucradas.
1. Recorré el lugar y observá las tareas
Mirá los recorridos, los puestos, el estado de los equipos, la iluminación, el orden y las salidas. Prestá atención también a tareas poco frecuentes, como mantenimiento, limpieza o recepción de mercadería.
2. Escuchá a quienes hacen el trabajo
Conversar con el equipo ayuda a detectar dificultades que no siempre se ven en una visita. Preguntá qué situaciones les generan preocupación, qué incidentes ocurrieron y qué tareas cambiaron recientemente.
3. Identificá peligros y evaluá el riesgo
Un peligro es una fuente con capacidad de causar daño; el riesgo combina la posibilidad de que ese daño ocurra y su gravedad. Según la actividad, puede ser necesario considerar caídas, electricidad, ruido, sustancias, movimientos repetitivos y otros factores.
4. Definí prioridades y medidas
Empezá por las situaciones de mayor riesgo y evaluá si es posible eliminar el peligro o reducirlo en su origen. Complementá con medidas colectivas, procedimientos, capacitación y elementos de protección personal adecuados cuando correspondan. Una medición técnica puede ser necesaria para conocer ciertas exposiciones.
5. Registrá y revisá
Anotá lo observado, las acciones acordadas, responsables y plazos. Hacé seguimiento y actualizá el relevamiento cuando cambien las tareas, las instalaciones o los equipos.
Esta guía es orientativa; la evaluación y las medidas deben adaptarse a cada establecimiento y a los requisitos aplicables.


